jueves, 8 de septiembre de 2016

Buscan a una joven de 29 años en Almagro



Buscan a una joven de 29 años que fue vista por última vez en junio a la salida de su casa en José Mármol al 600, Almagro.
Se llama Cynthia Daniela Artelino, es morocha, alta y tiene rulos. Es la hija de Raúl Artelino, comunero por ECO de la Comuna 5.
“Estamos desesperados, no sabemos nada de ella hace dos meses. Ya hicimos las denuncias pero como es mayor de edad no nos dan bola”, contó Carmen, la mamá.
Por cualquier información comunicarse al 116-309-0994.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

URGENTE: Se busca a Camila Añel Carletti, de Adelia María Córdoba



Un amplio operativo organiza la Policía de Adelia María en busca de Camila Añel Carletti, una joven de 22 años que desapareció el viernes por la tarde. Su mamá hizo la denuncia el fin de semana y este martes por la mañana intensificaron los rastrillajes.

La joven mide 1,62 mts, es de tez blanca, pelo corto, ojos claros y tiene tatuajes en su brazo izquierdo. Cuando desapareció vestía campera inflable marrón, remera rosa, jean y una cartera de muchos colores. 

Según los allegados, Camila salió a las 18.30 del viernes de su casa y dijo que volvería en una hora. Luego una amiga avisó a la madre que regresaría más tarde, pero nunca más se supo de ella. 

El comisario Gustavo Novarese indicó que se trabaja con instrucciones del fiscal del Primer turno, Walter Guzmán, secretaría Griselda Truant. Indicó que se han tomado testimonios para determinar si alguien la vio el fin de semana y quienes formaban parte de su entorno más cercano. 

El intendente Javier Rezza, comentó a medios locales que un testigo dijo haber visto a la joven en bicicleta en la siesta del sábado, en la zona norte del pueblo. 

Los efectivos policiales la buscan por esa zona y por la periferia de la ciudad.  

Por información se puede contactar a la policía más cercana o a los teléfonos de Adelia María (03585) 422-688/420-100/420-500.


martes, 6 de septiembre de 2016

Los invisibles de La Quiaca: trata y tráfico de personas en la frontera argentino-boliviana

El tráfico ilegal de personas en zonas cercanas a la frontera con Bolivia es un negocio instalado. Varían los actores, pero no las formas. Cuáles son las fallas estructurales que podríamos modificar para solucionar, e incluso prevenir, los casos que se repiten. El rol de la Argentina en un mundo que atraviesa una crisis migratoria internacional.





Amor de madre

Tras tres meses de búsqueda, Carina recuperó a su hija Antonella de 14 años con la ayuda de la excónsul argentina en Potosí, Reina Sotillo."Hay una muy parecida detrás de la esquina en donde están las otras chicas, pero le dicen Daniela, y tiene el pelito más largo". El episodio ocurre en la Villa Imperial de la ciudad de Potosí, en Bolivia. La mujer, sentada sobre sus polleras, con el pelo trenzado, desconoce lo valioso del dato que con inocencia lanza al aire. Mientras hace lo de siempre —cobrar limosna para limpiar el sucio baño de la terminal de ómnibus—, dos mujeres acaban de aparecer de incógnito, algo apresuradas, y enseñan una foto gastada. Son Carina Ramos, quiaqueña, 40 años, de tez trigueña, y Reina Sotillo, ministra plenipotenciaria del Servicio Exterior argentino, de 55 años, tez blanca y pelo rubio tapado por una capelina blanca.

Detrás de la esquina hay una whiskería —también les dicen "karaokes"—. Queda en el corazón del Barrio de las Mujeres. A Carina le tiembla el pulso: en los últimos tres meses viajó a lo largo y ancho de la Argentina buscando a su hija, de 14 años.

Para esa fecha, Sotillo ya tenía contactos en todos los pueblos y suburbios de su jurisdicción consular y zonas cercanas. En el 2007, la Cancillería de los tiempos de Jorge Taiana la había asignado, por pensar distinto, a un destino que todos rechazaban en el departamento boliviano de Potosí, separado de La Quiaca por un río –que por lo seco, es más bien un arroyo–. Zona árida, desolada y fría. Faltaban relaciones internacionales en esos cientos de kilómetros de frontera de una tierra que se parte de seca. Y también oxígeno: se sitúa a 3.450 metros sobre el nivel del mar.

Desde que llegó a la misión diplomática, Sotillo se dedicó a una actividad más humanitaria que consular: más humanitaria que consular: ostenta hoy el récord de haber restituido a más de dos mil menores de edad en ocho años de gestión, cifra que reconoció el Senado boliviano al otorgarle una mención honorífica al término de su gestión.





El caso de Carina y su hija de 14 años se presentaba como otro más de los que se repetían y se repiten: alguien se lleva de un país a otro, sin ningún tipo de registro, a una adolescente engañada, para algún tipo de explotación. Las ayudó una coincidencia de la historia, más bien una ironía: ese mismo diciembre del 2013, la Justicia tucumana de primera instancia había absuelto a los 13 imputados por la desaparición de Marita Verón –hoy, ninguno de los jueces permanece en su cargo: o renunciaron o se jubilaron y enfrentan cargos por cohecho—. Además, el proyecto para una nueva ley antitrata estaba a horas de perder estado parlamentario en el Congreso Nacional. El país entero hablaba sobre el tema, y el costo político hacía que varias autoridades se movilizaran.
Aquella mañana, Sotillo y Ramos salieron temprano, al alba, bajo el sol puñeno, cuando después de insistir con llamados telefónicos, la policía boliviana les informó que había una chica argentina que coincidía con las características físicas que buscaban.

"Había una casa vieja y echada a menos; se entraba por un pasillo largo y, en el fondo, luego de una escalera, se veían cuartitos, todos encimados", cuenta Carina. "No nos atendía nadie, hasta que vimos pasar por el pasillo a una chica, con extensiones de cabello, que levantó la mirada". Dice que gritó tan fuerte que salió un hombre desde el fondo; sin mostrar el rostro pero con voz bien grave advertía a la chica: "Daniela, vení para acá".
No era ninguna Daniela. Era Antonella, hija de Carina, que había desaparecido al salir de la fiesta del Día de la Primavera que realizaban en la Escuela Normal de La Quiaca. La chica no dudó: corrió a los brazos de mamá y no se movió de la Ford Ranger gris en la que habían llegado las mujeres, junto a un empleado del Consulado que se encargó de llevarlas. Hacía frío y era de noche. "Por un instante, pensamos en indagar algo más sobre quiénes eran las otras adolescentes –cuenta Sotillo–, pero había sido un día agotador y teníamos a la niña, así que rápidamente partimos". El viaje de regreso a La Quiaca fue en silencio.

Nota completa:
http://www.infobae.com/sociedad/2016/09/05/los-invisibles-de-la-quiaca-trata-y-trafico-de-personas-en-la-frontera-argentino-boliviana/




Trata de Personas: Raquel Liberman, la Polaca que se animó a a denunciar

Un día de mayo, allá por 1930, la vida porteña de los bajos fondos salió a la luz a través del coraje de una mujer que se atrevió a romper el silencio y a denunciar. Los diarios publicaron el relato de una viuda polaca obligada a prostituirse en prostíbulos regenteados nada menos que por la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’, recordada como la ZWI MIGDAL. Tenía 29 años y dijo que se llamaba Raquel Liberman.




Adoptó ese nombre para proteger a sus hijos de la vergüenza y de las represalias de sus captores, de los cuales había intentado escapar en dos oportunidades. Ellos integraban una organización de cientos de personas dedicada a explotar los cuerpos de mujeres que convertían en esclavas sexuales.

Liberman había emigrado hacia la Argentina en 1922 junto a sus dos hijos para encontrarse con su esposo que había viajado antes. Era una de las tantas y tantos inmigrantes europeos que escapaban del hambre de posguerra. En el barco, un judío polaco le habló en idish, su idioma materno. Cuando llegó a Tapalqué, en el centro de la provincia de Buenos Aires, se encontró con su marido enfermo que murió al poco tiempo de tuberculosis. Se quedó sola y con dos niños a cargo. La hermana de su marido la llevó a Buenos Aires y junto a su esposo buscaron al hombre que la había contactado en el barco y “la vendieron”.

Raquel, la Polaca, es la mujer que desnudó la trata de mujeres en la Argentina de los ’30.

Cuando Raquel se animó a denunciar, las redes de tratantes y proxenetas ya estaban ampliamente extendidas. Y la situación de miles de mujeres europeas encerradas en los prostíbulos ya estaba instalada como una problemática social. En esa época se hablaba de “trata de blancas”, para diferenciarla de la “trata de negros”, en realidad el comercio de esclavos traídos por la fuerza desde el continente africano.

En el año 1875 se reglamentó la actividad de los prostíbulos en Buenos Aires y comenzó un proceso de legalización de la prostitución. A tal punto llegaba la cuestión que, si bien ley prohibía el involucramiento de mujeres menores de edad, definía una excepción: se autorizaba legalmente el ejercicio de la prostitución a niñas menores de edad si habían sido iniciadas tempranamente.

Existían dos clases de proxenetas: los locales y los de origen europeo. Mientras que los proxenetas locales o nativos se conformaban con ganancias relativamente módicas y explotaban sólo una o dos mujeres en forma personal, los de origen europeo (franceses, rusos, polacos, rumanos) vislumbraban en el “negocio” una gran empresa trasnacional que podía llegar a asumir enormes niveles de organización, poder económico y político, con gran capacidad para coimear a las autoridades y alcanzar sus objetivos con menos obstáculos legales.

La primera red de traficantes había surgido en 1889 y estaba integrada por proxenetas de origen judío cuya fachada era la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos ‘Varsovia’. Las mujeres traficadas venían de Europa central y Rusia. A causa de la pobreza y la persecución religiosa que sufrían, sus padres las vendían a rufianes que fraguaban un matrimonio religioso entre la mujer explotada y explotador. Al llegar eran obligadas a firmar un contrato por el que se comprometían a pagar el viaje, la ropa, el alimento, la renta de la pocilga donde la alojaban y su mobiliario. Todo a precio varias veces superior al real, por lo que su deuda se eternizaba y se convertía en un instrumento más de retención.

La “clientela” de estas mujeres traficadas eran en primer lugar inmigrantes europeos que habían venido solos, en búsqueda de oportunidades laborales. Ellos eran consumidores de las “blancas” europeas que terminaron por desplazar a las nativas en el “mercado” del comercio sexual. Pero también había una exclusiva clientela, la alta burguesía porteña, una importante cantidad de señores ricos que consumía, entre sus placeres, una prostitución de alto nivel, mujeres “importadas” especialmente para ellos.

Las tristemente llamadas “polacas” fueron las primeras víctimas que llegaron al Río de la Plata para ser vendidas y encerradas en prostíbulos de la Ciudad de Buenos Aires y otras provincias. Sólo la ZWI MIGDAL llegó a regentear dos mil prostíbulos. Y desde el inicio contó con la complicidad, la tolerancia y hasta con la participación de agentes del Estado, ya sea la policía y otras fuerzas de seguridad, las autoridades migratorias, jueces, políticos o personajes prominentes de la actividad económica y social.

Los intentos por combatir la trata de mujeres fueron muchos, pero nada exitosos. En 1913 el diputado socialista Alfredo Palacios presentó la llamada Ley Palacios, la primera ley en el mundo contra la “Trata de Blancas, la prostitución de niñas y adolescentes y el proxenetismo”. Pero a pesar de su sanción, la aplicación se mantuvo congelada hasta 1960, recién cuando Argentina ratificó el “Convenio para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena” de la ONU de 1949.

Myrtha Schalom escribió en 2003 una muy recomendable novela basada en la vida de Raquel Liberman, “La Polaca”. En un reciente reportaje afirmó que “lo que ella hizo es romper el silencio para devolverles la dignidad a esas mujeres prostituidas, que hoy hay que seguir manteniendo y defendiendo, porque lamentablemente la trata sigue existiendo”.

Luego de la denuncia de Raquel, hubo un juez que tomó la decisión de dictarle prisión preventiva a
108 proxenetas y la captura internacional de 334 prófugos. Pero en poco tiempo, la Cámara de Apelaciones revocó la medida para 105 de ellos por falta de pruebas y testimonios insuficientes.

Cuatro años después, Raquel murió de cáncer de tiroides, mientras que sus tratantes siguieron libres.
“Entre los papeles de Raquel encontré que ella estaba pidiendo una visa para volverse con sus hijos a Polonia en 1934, cuando ya Hitler era canciller en Alemania. ¡Qué desesperación tendría esta mujer por escaparse de acá para pedir eso!”, reveló Schalom

lunes, 5 de septiembre de 2016

Trata de Personas: captaban fieles y los reducían a servidumbre

Mar del Plata: el MPF sostuvo los procesamientos de los cinco imputados de un ministerio religioso que captaban fieles y los reducían a servidumbre. 

En una audiencia en la Cámara Federal de Apelaciones, el abogado defensor pidió la nulidad y desestimó los cuatro hechos de abuso sexual denunciados como situaciones de relaciones sentimentales entre personas adultas. El representante del MPF dijo que no se trata de un cuestionamiento a la libertad de consciencia: "Estamos garantizando a los ciudadanos que su libertad de autodeterminación sea respetada”.



La causa que tiene cinco personas imputadas como integrantes de una organización que captaba “fieles” para explotarlos y reducirlos a la servidumbre, bajo el manto de una entidad religiosa, tuvo su audiencia en la Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata, integrada por los jueces Alejandro Tazza, Eduardo Jiménez y Jorge Ferro. Marcelo Peralta oficia de defensor de los cinco procesados por el delito de trata con fines de explotación laboral y reducción a la servidumbre. Dijo que la resolución del juez de primera instancia Santiago Inchausti era “injusta y arbitraria” y que los abusos imputados tenían que ver, en todo caso, con “un tema moral” por tener una relación sentimental con personas que integran la comunidad.

En su oratoria , que se extendió por más de una hora, mencionó que el principal imputado, Isaías Hurtado, es apóstol, un cargo en el ministerio por encima de los pastores, dado que brinda a ellos sus conocimientos, y pregonó por la “libertad de cultos y libertad de pensamiento y de congregarse”. “Estamos hablando de Iglesias y la comunidad evangelista”, señaló.

A su turno, el fiscal ante la Cámara, Daniel Adler, -acompañado por el secretario Agustín Roldán- indicó que “debe distinguirse entre libertad de conciencia y libertad de culto”. Y reparó: “Nadie puede entrar en el pensamiento del otro. El culto a diferencia de la conciencia existe en acciones externas que implican una interrelación con el otro”.
Al referirse a la radio que funcionaba en el Templo situado en O’Higgins al 300 en la localidad marplatense, contrastó lo enunciado por el abogado defensor de los cinco imputados, quien había dicho que era una emisora comunitaria y sin fines de lucro, que manejaban los propios fieles y una de las hijas de Isaías Hurtado, el principal imputado. “La radio por la que se captaba, no tenía un fin inicuo, y paradójicamente sigue funcionando”, mencionó el fiscal.

“Se los traía a trabajar en una forma servil, no había registración, no había sueldos, había violencia, había engaños. Esto está perfectamente detallado en la descripción que se hace de cada una de las víctimas. Es más: había relaciones sexuales a través de situaciones coercitivas. Es mentira que esto no existiese, y esto es delito. Porque la violencia no es solamente física, sino también psicológica, y más cuando hay un desarrollo y un esquema coercitivo montado sobre una estructura religiosa”, aseveró el representante del MPF, quien sumó: “No estamos invadiendo la libertad de conciencia, estamos garantizando a los ciudadanos que su libertad de autodeterminación sea respetada, de esto se trata”.

En un pasaje de su oratoria, Adler trazó un paralelismo con lo que sucedía con los prostíbulos en Mar del Plata y el país. “¿Cuánto tiempo estuvieron invisibilizados los prostíbulos y hoy están suprimidos prácticamente por los tres estamentos estatales? ¿Cuánto nos costó visibilizarlos?”, puntualizó.

A su vez, marcó un común denominador entre las personas víctimas del delito y dijo que se encontraban en una especial situación de vulnerabilidad, por soledad afectiva, abandono familiar o problemáticas con el consumo de drogas. En esta línea, dio lectura al informe confeccionado por profesionales del Programa de Rescate del Ministerio de Justicia de la Nación: “Se podría inferir que los mecanismos de persuasión, sometimiento, coerción, ejercidos por los responsables de la institución, habrían ido socavando la libertad y autonomía de las personas que fueran devotas o fieles de la ‘iglesia’, condicionando y/o determinando decisiones y elecciones en diferentes áreas su vida, dependiendo del grado de sujeción o sometimiento promovido. Algunos relatos permiten inferir que las acciones que los responsables habrían promovido se realizarían en función de obtener beneficios económicos, patrimoniales, personales de las autoridades de la organización”.


¿QUÉ ES LA TRATA DE PERSONAS?

Felipe Pigna: La trata de personas, una vieja y triste historia



Fuente: Felipe Pigna, Mujeres tenían que ser. Historia de nuestras desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los orígenes hasta 1930, Buenos Aires, Planeta, 2011, págs. 535-539

A partir de los años veinte se tomaron medidas para perseguir el proxenetismo y la trata de blancas; sin embargo, ambos fueron en aumento, al igual que la cantidad de mujeres sometidas a explotación.

En primer lugar, después del fin de la Primera Guerra la “importación de prostitutas” tuvo un marcado aumento. Los desastres derivados de la primera gran carnicería a escala global facilitaron las cosas para los tratantes de mujeres de la Zwi Migdal y de las redes marsellesas, sobre todo en Europa oriental. Pero también la crisis local, entre 1915 y comienzos de los años veinte, aportó su cuota, lanzando a muchachas en manos de cafiolos y macrós locales. Por una y otra vía, fue notoria la expansión de los prostíbulos y “casas de tolerancia” en el período. Como señalan Rapoport y Seoane en su historia de Buenos Aires: “la cantidad de prostíbulos legales creció desde 292 en 1920 hasta 957 en 1925. A partir de entonces, la cantidad comenzó a descender hasta 271 en 1930. Esta disminución coincidió con la sanción de una ordenanza del 30 de diciembre de 1925, por la que el Departamento Ejecutivo municipal no concedería nuevos permisos para la habilitación de prostíbulo hasta tanto no se dictara una nueva ordenanza de moralidad”. 1

Para entonces la división entre “francesas”, “polacas” y “criollas” era, más que una connotación de nacionalidad, una especificación de “nivel” y de “tarifa”. Las primeras eran, en general, las que atendían en departamentos céntricos, a razón de una mujer por “casa”, y con ciertas condiciones de higiene más presentables. Las “polacas”, en cambio, solían ser las mujeres de los lupanares de barrios populares y arrabales, con la tarifa que se haría proverbial de 2 pesos moneda nacional el “servicio”, por lo general sometidas a servidumbre. La mayoría de ellas, en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, estaban esclavizadas por la Zwi Migdal. Los tratantes viajaban a países de Europa oriental, principalmente a aldeas de Polonia, donde “asumían la falsa personalidad de prósperos comerciantes enriquecidos en América, de regreso a su tierra natal en búsqueda de esposa. El medio ambiente económica y culturalmente precario, la falta de oportunidades individuales y otros elementos afines, les resultaban propicios para embaucar a esas inocentes mujeres, que por ignorancia estaban predispuestas a creer en la llegada del soñado “Príncipe Azul” [...]. Una vez aquí, el rufián obligaba a la mujer a entregarse a la prostitución, valiéndose de cualquier medio: desde los argumentos persuasivos hasta el castigo corporal, las privaciones y el encierro”. 2

La supuesta “mutual” en el barrio de Once había “copado” con sus prostíbulos “el cruce de las calles Lavalle y Junín, ocupando ambas aceras en un extensión de tres manzanas. Los más notorios llevaban nombres suspicaces: “Marita”, “Norma”, “El Chorizo”, “Las Ñatas”, “Las Esclavas”, “El Gato Negro”, “Las Perras”. El alojamiento de las mujeres llevó a una utilización intensiva de las viviendas: altillos, baños, cocinas y biombos permitían que las internas llegaran hasta setenta [por casa]”. 3

El “afrancesamiento”, en cambio, era parte del decorado para la prostitución destinada a hombres de la high life o de la burguesía que pretendía imitarla, el mundillo de “muchachos bien” y “magnates” de “palacete central” que concurrían a cabarets de lujo, como el Armenonville o el Julien. Con bastante resentimiento, el tango Margot, escrito por Celedonio Flores en 1919 y musicalizado por José Ricardo y Carlos Gardel, pintaba a la muchacha de arrabal que, al prostituirse por sus “berretines de bacana”, se “afrancesa” en el ambiente de los cabarets de lahigh life: “hasta el nombre te han cambiado, como has cambiado de suerte: / ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot”.
En 1919, una ordenanza de la Capital estableció que en cada prostíbulo sólo podía haber una prostituta. La medida tuvo varios efectos. Los lupanares colectivos pasaron, por lo general, a zonas de “extramuros”, como los barrios de Avellaneda “del otro lado de Riachuelo”, o más al norte, hacia San Fernando y El Tigre, o dentro de la Capital se disfrazaron de casas de renta e inquilinatos, con una mujer por pieza. Las casas “francesas”, que ya venían operando así, no tuvieron problemas.

En 1921, la reforma del Código Penal aprobada por el Congreso introdujo figuras delictivas vinculadas con el proxenetismo y la prostitución. Así el rufianismo se convirtió en delito, al igual que inducir, mediante violencia o engaño, a una persona a la prostitución. En el caso de menores, la figura de corrupción hacía que el proxeneta siempre fuese punible, ya que era irrelevante el consentimiento de la víctima. A raíz de esta reforma, ya en 1924 los diarios comienzan a registrar acciones policiales contra los rufianes. Pero el caso más notorio se produjo recién a partir de 1929, cuando una muchacha caída en la red de la Zwi Migdal, Raquel Liberman, se animó a denunciar a la organización, un hecho nada frecuente. Liberman era una polaca de familia humilde que había viajado a la Argentina junto a sus dos hijos para encontrarse con su marido. Pero su compañero murió y la joven se trasladó a Buenos Aires, donde fue engañada e ingresó a la red de trata. Allí permaneció por diez años hasta que logró juntar el dinero para pagar su libertad. Compró una casa de antigüedades pero los esbirros de la Migdal la ubicaron y la amenazaron. Creyó encontrar el amor de su vida en un tal Korn, quien en realidad no era otra cosa que un miembro de la “sociedad tenebrosa”, como también se la conocía a la red de trata. El hombre la estafó y la obligó a reingresar en la organización. Tomó coraje e hizo la denuncia ante el comisario Alzogaray, quien gracias a los precisos datos de Raquel, logró en 1931 desmantelar a la Zwi Migdal y detener y deportar (en aplicación de la Ley de Residencia) a los más notorios integrantes de la red.

Es cierto que, en buena medida, esas condenas se vincularon con dos intereses turbios de la dictadura de Uriburu: la intención de mostrar a los anteriores gobiernos radicales como corruptos y el marcado antisemitismo de los “salvadores de la patria” que habían perpetrado el golpe de 1930, y que se destiló en buena parte de la prensa de entonces a medida que se develaban los manejos de la Zwi Migdal.

El tango se encargó, por esos años, de difundir imágenes contradictorias de esas mujeres. En “Milonguita”, con música de Enrique Delfino y letra de Samuel Linnig, se construyó uno de los arquetipos, el de la muchacha de barrio engañada:

“¿Te acordás, Milonguita? Vos eras
la pebeta más linda ’e Chiclana; 
la pollera cortona y las trenzas, 
y en las trenzas un beso de sol... 
Y en aquellas noches de verano, 
al oír en la esquina algún tango 
chamuyarte bajito de amor? 
Esthercita, 
hoy te llaman “Milonguita”; 
flor de noche y de placer, 
flor de lujo y cabaret... 
Milonguita, 
los hombres te han hecho mal; 
y hoy darías toda tu alma 
por vestirte de percal.


También sobre las “francesas”, la mirada es nostálgica y sensiblera, apuntando a la soledad y falta de amor. Otro tango de Delfino, “Griseta”, con letra de José González Castillo, estableció otro lugar común: el de comparar a las “francesitas” con el destino de la Margarita Gauthier, de “La dama de las camelias”, un tema recurrente. En cambio, otros tangos simplemente ponían una mirada condenatoria, sobre “minas” a las que la ambición habían llevado a la prostitución. El ya citado “Margot” lo decía así:

“Son macanas: no fue un guapo haragán ni prepotente,
ni un cafishio veterano el que al vicio te largó; 
vos rodaste por tu culpa, y no fue inocentemente; 
berretines de bacana que tenías en la mente 
desde el día que un magnate de yuguillo te afiló...”


Con variantes, el mismo tema se reitera en “Mano a mano” (de Flores, Gardel y Razzano, de 1918), “Flor de fango” (de Pascual Contursi y Augusto Gentile, también de 1918), “Milonguera” (de José María Aguilar, de 1925) o “Muñeca brava” (de Enrique Cadícamo y Luis Visca, de 1928), que insiste en el tema de la afrancesada:

“Che, madame, que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos, 
que cenás con champán bien frappé
y en el tango enredás tu ilusion... 
Sos un biscuit de pestañas muy arqueadas,
muñeca brava, bien cotizada; 
sos del Trianón (del “Trianón” de Villa Crespo...), 
che, vampiresa, juguete de ocasión...”


Pero curiosamente, ya sea que se las pinte en su momento de “triunfos / pobres triunfos pasajeros” o en la decadencia, “sola, fané y descangallada” (como en 1928 Enrique Santos Discépolo escribirá en “Esta noche me emborracho”), los tangos de este período hablan siempre de las “minas” que se movían en los ambientes de los cabarets lujosos y entre “bacanes” y “magnates”, nunca de las muchachas de los prostíbulos de mala muerte, que eran la inmensa mayoría, con la hilera de clientes esperando en la salita bajo la mirada atenta de la madama, a la que al final de la “jornada” cada pupila entregaría las “latas” que certificaban la cantidad de “servicios” rendidos.

Referencias:
1 Mario Rapoport y María Seoane, Buenos Aires. Historia de una ciudad. De la modernidad al siglo XXI. Sociedad, política, economía y cultura, tomo 1, Planeta, Buenos AIres, pág. 391.
2 Gerardo Bra, La Organización Negra: la increíble historia de la Zwi Migdal, Buenos Aires, Corregidor, pág. 35-36.
3 Mario Rapoport y María Seoane, op. cit., pág. 392.